FERNANDO PESSOA (ANTE LA PUESTA DE SOL)
Lisboa-Portugal, 1888- 1935
Fernando António Nogueira Pessoa conocido como Fernando Pessoa, fue un poeta, escritor, crítico literario, dramaturgo, ensayista, traductor, editor y filósofo portugués, descrito como una de las figuras literarias más importantes del siglo XX y uno de los grandes poetas en lengua portuguesa. También escribió y tradujo en inglés y francés. Se le ha llamado el poeta portugués más universal. Por haber sido educado en Sudáfrica, en una escuela católica irlandesa de Durban, llegó a tener más familiaridad con el idioma inglés que con el portugués, y escribió en aquel idioma sus primeros poemas. Pessoa fue un escritor prolífico, y no solo bajo su propio nombre, pues creó aproximadamente otros setenta y cinco, de los cuales destacan los de Alberto Caeiro, Alexander Search, Álvaro de Campos, Bernardo Soares y Ricardo Reis. No los llamaba pseudónimos, pues creía que esta palabra no captaba su verdadera vida intelectual independiente, y en cambio los llamó sus heterónimos. Pessoa es internado el día 29 de noviembre de 1935 en el Hospital de São Luís dos Franceses, con el diagnóstico de "cólico hepático" (probablemente una colangitis aguda causada por un cálculo biliar), falleciendo a causa de las complicaciones posiblemente asociadas a una cirrosis provocada por el excesivo consumo de alcohol a lo largo de su vida (a título de curiosidad, se sabe que era fiel al aguardiente de la marca "Águia Real"). El día 30 de noviembre muere a los 47 años. A su funeral asistieron varios de sus amigos literarios y compañeros. El 2 de diciembre su cuerpo fue enterrado al lado de la tumba de su abuela en el Cementerio de los Placeres, donde permanecería durante más de 50 años.[
Ayer por la tarde, un hombre de ciudad hablaba ante la puerta de la posada. También hablaba conmigo. Hablaba de la justicia y de la lucha por la justicia, y de los obreros que sufren, y del trabajo constante, y de los que pasan hambre, y de los ricos, que tienen anchas las espaldas por eso.
Y al mirarme vio lágrimas en mis ojos y sonrió complacido, creyendo que sentía el odio que él sentía y la compasión que él decía que sentía.
Pero yo apenas lo escuchaba. ¿A mí qué me importan los hombres y lo que sufren, o suponen que sufren? Que sean como yo, y no sufrirán. Todo el mal del mundo viene de que a unos les importen los otros, sea para hacer el bien, sea para hacer el mal. Nuestra alma y el cielo y la tierra nos bastan. Querer más es perderlos y ser desgraciados.
Lo que estaba pensando mientras el amigo de los hombres hablaba (y eso me había conmovido hasta las lágrimas) era en cómo el murmullo lejano de los cencerros, aquel atardecer, no parecía las campanas de una ermita donde fueran a misa las flores y los regatos y las almas sencillas como la mía.
Alabado sea Dios, que no soy bueno y tengo el egoísmo natural de las flores y de los ríos que siguen su camino preocupados sin saberlo tan solo por florecer e ir discurriendo. Es esta la única misión que hay en el mundo, esta: existir claramente y saber hacerlo sin pensar en ello.
El hombre había callado, y miraba la puesta del sol. Pero ¿qué tiene que ver con la puesta del sol quien odia y ama?
CASA FERNANDO PESSOA
Campo de Ourique-Lisboa, Portugal


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