OSCAR ACOSTA (EL REGRESIVO)
Tegucigalpa-Honduras, 1933- 2014
Óscar Acosta fue un escritor, crítico literario, político y diplomático hondureño. Se inició como periodista en Perú y cultivó diversas formas artísticas literarias. Su obra tiene un marcado carácter intimista y patriótico. Fue presidente de la Academia Hondureña de la Lengua, ciudad de Tegucigalpa, MDC capital de la república de Honduras. Poeta, narrador, periodista y editor hondureño perteneciente a la llamada Generación del 50, caracterizada por el deseo de renovación del lenguaje y la cuidada elaboración metafórica. Como diplomático representó a Honduras en el Perú, España e Italia, además de ante la Santa Sede. Miembro de número de la Academia Hondureña de la Lengua, preside además la Asociación de Prensa. El escritor y poeta hondureño Óscar Acosta Zeledón falleció el 15 de julio de 2014 en Tegucigalpa, Honduras, a los 81 años
Dios concedió a aquel ser una infinita gracia: permitir que el tiempo retrocediera en su cuerpo, en sus pensamientos y en sus acciones. A los setenta años, la edad en que debía morir, nació.
Después de tener un carácter insoportable, pasó a una edad de sosiego que antecedía aquella. El Creador lo decidiría así, me imagino, para demostrar que la vida no sólo puede realizarse en forma progresiva, sino alterándola, naciendo en la muerte y pereciendo en lo que nosotros llamados origen sin dejar de ser en suma la misma existencia. A los cuarenta años el gozo de aquel ser no tuvo límites y se sintió en poder de todas sus facultades físicas y mentales. Las canas volviéronsele oscuras y sus pasos se hicieron más seguros. Después de esta edad, la sonrisa de aquel afortunado fue aclarándose a pesar de que se acercaba más su inevitable desaparición, proceso que él parecía ignorar. Llegó a tener treinta años y se sintió apasionado, seguro de sí mismo y lleno de astucia. Luego veinte y se convirtió en un muchacho feroz e irresponsable.
Transcurrieron otros cinco años y las lecturas y los juegos ocuparon sus horas, mientras las golosinas lo tentaban desde los escaparates. Durante ese lapso lo llegaba a ruborizar más la inocente sonrisa de una colegiala, que una caída aparatosa en un parque público, un día domingo. De los diez a los cinco, la vida se le hizo cada vez más rápida y ya era un niño a quien vencía el sueño.
Aunque ese ser hubiera pensado escribir esta historia, no hubiera podido: letras y símbolos se le fueron borrando de la mente. Si hubiera querido contarla, para que el mundo se enterara de tan extraña disposición de Nuestro Señor, las palabras hubieran acudido a sus labios en forma de balbuceo.
Antología del cuento hondureño (Jorge Luis Oviedo)


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