ELÍAS CANETTI (EL RONDA CADÁVERES)
Ruscuc, hoy Ruse, Bulgaria, 1905 - Zurich, 1994
Escritor búlgaro en lengua alemana. De origen sefardita, pasó su infancia y su juventud en diversas ciudades europeas. En Berlín entró en contacto con las vanguardias literarias y escribió su primera y única novela, Auto de fe, parábola sobre la oposición entre la cultura de masas y la dignidad individual. Enlazando con esta preocupación, el clima creciente de totalitarismo se tradujo en una serie de obras teatrales centradas en el abuso de poder y sus consecuencias sobre el individuo. Alcanzó la celebridad a partir de 1960, año de la publicación del ensayo antropológico Masa y poder, en el que se manifiesta contrario a las teorías freudianas sobre la psicología de masas. También alcanzaron un gran éxito sus memorias, sobre todo el primero de sus tres volúmenes, titulado La lengua absuelta (1977). En el año 1981 fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura. Murió en Zurich en 1994 y fue enterrado junto a James Joyce.
De tarde en tarde aparece en ciertos locales el Rondacadáveres. Hace años que se le conoce, pero no viene a menudo. Cuando no se le ha visto durante meses, se piensa en él con un leve desasosiego. Lleva siempre un maletín de compañía aérea, Air France o BEA. Parece estar continuamente de viaje, pues suele desaparecer por largas temporadas. Regresa siempre de la misma manera. Aparece y se para en el umbral, muy serio. Examina el local en busca de conocidos. Apenas lo ve a uno, se aproxima solemnemente, saluda, se queda inmóvil, enmudece y dice luego con vos quejumbrosa y algo cantarina:
-¿Sabía usted que ha muerto NN?
Uno se asusta porque no lo sabía, y él lleva puesto un traje negro, detalle que no se advierte sino después de su mensaje.
-Mañana es el entierro.
Lo invita a uno al entierro, le explica dónde tendrá lugar y le imparte instrucciones detalladas y precisas.
-No deje de asistir -añade- no se arrepentirá.
Y luego se sienta, pide algo de beber, brinda por uno, pronuncia unas cuantas palabras, nunca dice dónde ha estado, jamás habla de sus planes, se levanta, se dirige solemnemente a la puerta, se vuelve una vez más, dice:
-Mañana a las once -y desaparece.
Así va de local en local y busca conocidos que también lo sean del difunto, procura que no sean pocos, les contagia sus apetencias fúnebres y los invita con tanta insistencia que muchos que jamás habrían pensado ir acuden por temor a su próximo mensaje, que podría afectarlos a ellos mismos.
-¿Sabía usted que ha muerto NN?
Uno se asusta porque no lo sabía, y él lleva puesto un traje negro, detalle que no se advierte sino después de su mensaje.
-Mañana es el entierro.
Lo invita a uno al entierro, le explica dónde tendrá lugar y le imparte instrucciones detalladas y precisas.
-No deje de asistir -añade- no se arrepentirá.
Y luego se sienta, pide algo de beber, brinda por uno, pronuncia unas cuantas palabras, nunca dice dónde ha estado, jamás habla de sus planes, se levanta, se dirige solemnemente a la puerta, se vuelve una vez más, dice:
-Mañana a las once -y desaparece.
Así va de local en local y busca conocidos que también lo sean del difunto, procura que no sean pocos, les contagia sus apetencias fúnebres y los invita con tanta insistencia que muchos que jamás habrían pensado ir acuden por temor a su próximo mensaje, que podría afectarlos a ellos mismos.
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